En los predios de la hacienda La Esperanza de propiedad de la familia Randiche Aspiazu hace 105 años se asentaron un grupo de personas que buscaban el progreso en nuevas tierras.
Por los años 1930 se recuerda como primeros dueños de una extensión de más de 300 hectáreas, a la familia Abatte, que más tarde vendieron al señor Jacinto Martín Aspiazu Febres Cordero; que después pasaron a heredar dos de sus tres hermanos, Teodomira e Hilda Aspiazu Bajaña de la Cerde, quienes nombraron como administrador al señor Jacinto Martín Aspiazu Peralta, siendo el juez repartidor el Sr. José Luis Tamayo; el abogado de Teodomira e Hilda era el Dr. Arroyo del Rio; la otra hermana de nombre Bárbara Aspiazu Bajaña, heredo la hacienda La Reforma de Vinces.
Después de varios años, Jacinto Martín Aspiazu Peralta, compró a doña Hilda la mitad de sus acciones, falleció Teodomira y heredaron sus hijos Efraín, Raquel, Jacinta y Heraclidas; muere Heraclidas y heredan los León Randich. Muere Jacinto Martín Aspiazu Peralta y heredan los Aspiazu Armendáriz.
La historia cuenta que más tarde estos terrenos son afectados por la reforma agraria, sin respetar sus títulos catastrados en Guayaquil, Vinces y Quevedo. Uno de los predios colindantes de aquella época era la hacienda Esparta, de propiedad del Sr. Benjamín Dulcey, separados por un camino amplio que se le conoció como manga real que más tarde paso a ser carretera construida por la COTOPAXI EXPLORATION COMPANY, mediante un convenio con el gobierno de Ecuador, para la explotación de las minas de oro en Macuchi.
Con el pasar del tiempo se dio forma a un caserío que se lo reconoció como recinto La Esperanza, donde se asentaron algunas familias entre las que mencionamos las siguientes: Guzmán, Morales, Sevillano, Muñoz, Pérez, Mueckay, Liú Ba, Anzules, Martínez, Quintana, Cabrera, Burbano, Ibarra, Galarza, Chévez, Caicedo, Medina, Veintimilla, Escobar, Hayman, Zamora, Bravo, Tenorio, Morán, Rodríguez, Chico, Cedeño, Mendoza, Cela, Roca, Molina, Solórzano, Cevallos, Villafuerte, Toledo, y García.
Los primeros asentamientos se fortalecieron, por lo que se convirtió en recinto. Debido a que la situación geográfica no permitía comunicarse con sectores poblados aledaños y comercializar algunos productos agrícolas, los habitantes empezaron a buscar cambios; es así que el esfuerzo por buscar el desarrollo de su recinto permitió que en el año 1968 se procediera a elegir la primera Directiva Comunal liderada por Francisco Tobar, Marcos Cabrera y José Chico, quienes lucharon para constituir al recinto en una comunidad con vida jurídica.
Ya en los años 1970-1980 son posesionados como nuevos líderes Luis Cabrera, Alejandro Sevillano, León Randich, Jorge Basantes, Luis Verdezoto, Bella Cedeño y el capitán Manuel Weison, con la misión de anexar al recinto La Esperanza a uno de los dos cantones aledaños como Valencia y Quevedo. creación de La Esperanza, pasa el informe al Consejo Provincial, el mismo que en dos sesiones luego de verificar las 10 mil firmas solicitadas como requisitos indispensables para la parroquialización de un pueblo, es aprobado el pedido en la administración de Óscar Llerena.
El 28 de febrero de 1996, los dirigentes y autoridades riosenses con documentos legalizados de la parroquialización de La Esperanza, viajan a Quito para solicitar al Instituto Ecuatoriano de Reforma Agraria y Colonización (IERAC), la legalización del recinto La Esperanza como una de las dos parroquias rurales del cantón Quevedo, es así que se la emite en el registro oficial el 8 de mayo de 1996.